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Comunicación

No matemos el contenido

13 Jul , 2016  

Hoy en día, todo se ha convertido en contenido. Las marcas han entendido la importancia de no imponer campañas masivas, sino ofrecer contenido relevante. Así, las agencias de publicidad han medido los límites de los eslóganes y del zumbido constante: ahora tratan de comunicarse con más profundidad y sustancia. Se sitúan a un paso de convertirse, y convertir a sus clientes, en medios de comunicación más o menos especializados.

Pero el paso de publicidad al contenido no es tan natural como se puede imaginar. Mientras se mantiene que el contenido es el rey, la reina mantiene sus vicios: promoción, llamada a la acción, a la compra… mientras que la información útil queda oscurecida. Sin duda, el equilibrio es muy complejo.

En 2016 el consumidor no se deja engañar. Desde que se convirtió en prosumidor ha tomado el control de lo que quiere ver y oír y rechaza el mal contenido mientras se aleja de la invasión de la publicidad. Quiere, queremos, otra cosa.

No es suficiente con cambiar de plataforma para transformar un contenido de marketing promocional. Hay que cambiar el estilo, adaptar el objeto al sujeto. Por encima de todo, hay que recordar que es un público adulto que quiere ser informado, sorprendido, guiado, entretenido… y que ciertamente no quiere que le mientan o que le bombardeen con superlativos e imperativos.

Por supuesto, no hay que olvidar, que se quiere vender contenido. Y lo mejor es que el contenido vende y se vende muy bien. Pero lo hace de manera diferente. Tal vez se necesita un poco más de tiempo, pero es más sólida la venta porque se crean vínculos de cercanía y profundidad. Por tanto, para hacer la comercialización de contenidos, no sólo tenemos que replantear la estrategia de difusión; hay que redefinir el significado de los mensajes que compartimos.

Una entrada en el blog no debe ser nunca un folleto de promoción online. Debe ser un texto que informa, sorprende, seduce y tal vez sin ni siquiera dar un número de teléfono o una dirección web. Tiene que dejar una impresión, hacer pensar, cambiar una percepción previa. E igualmente la publicidad nativa no debe ser una información, un seminario o encuentro no debe ser una reunión de ventas ni cualquier blanco convertirse en un folleto corporativo, como tampoco una inserción de vídeo en una web debe ser un anuncio de televisión más extenso. En definitiva, no es tan sencillo como disfrazar al contenido  y pensar que vamos a engañar a alguien con ello.

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