robot periodista

Comunicación

Robots periodistas, el futuro avanza a pasos agigantados

29 Sep , 2015  

El número de periodistas que han perdido su empleo desde el comienzo de la crisis supera los 10.000, muchos de ellos como consecuencia de la reducción de costes en sus medios.

Sin embargo, cada día se reclaman más contenidos mientras se prescinde de los generadores de los mismos. En algunos medios, experimentados periodistas han sido sustituidos por otros más jóvenes, más ‘nativos digitales’, más baratos y en algunos casos, cada vez más frecuentes, por robots periodistas con los que se empieza a experimentar.

Los robots son empleados ya por medios como The New York Times, Los Angeles Times o Forbes, donde han demostrado una aptitud natural para los datos por lo que sus ‘carreras‘ han comenzado en las secciones de deportes o economía, pero cada vez más a menudo son empleados en las secciones de últimas noticias o en el periodismo de investigación.

Al igual que todos los periodistas jóvenes, los robots están aprendiendo de sus jefes. Aunque en este caso los superiores están ahí para en realidad, no metafóricamente, reprogramarlos.

Silicon Valley ya está inmerso en la tecnología detrás del robot-periodismo, pero es más probable que veamos su utilización primero en campos como el de la salud.

Pero, ¿Cómo de buenos son estos robots?

Se ha necesitado mucho tiempo para llegar a un punto donde la gente en las pruebas no puede encontrar la diferencia entre los artículos de la máquina y los escritos por seres humanos.

La parte dura ha sido enseñar a las máquinas a hacer algo que los humanos hacen por instinto, pero una vez aprendido (programado), esas lecciones se convierten en algoritmos. Las máquinas pueden entonces rastrear historias a través de internet, comunicados de prensa o sets de datos, para encontrar y escribir historias.

Por supuesto que no tocan a las puertas, queman el cuero de los zapatos o hacen contactos o llamadas telefónicas. Sin embargo, lo que sí pueden es hacer las mismas tareas que la creciente proporción de periodistas dedicados al reenvase de las noticias o dar sentido a los datos cada vez más digitalizados de los que informa la prensa.

Las máquinas pueden aprender idiomas de los grandes bancos de datos comparando textos. Traducen entre los idiomas mediante la comparación de décadas de informes digitalizados, costosamente traducidos a varios idiomas por los seres humanos.

‘Aprenden’ frases alternativas, diferentes enfoques, narraciones, tonos y estilos del medio para el que ‘trabajan’, lo que significa que se pueden configurar para escribir con un sesgo particular.

Aprenden además de una manera no supervisada. Absorben subtítulos bajo cientos de fotos y así describen lo que está en una nueva imagen.

Pueden probar su comprensión de historias cotejándolos con los resúmenes como los que los medios usan en sus artículos. Ellos pueden aprender en entornos dinámicos, reaccionando a los acontecimientos a su alrededor. No siempre es necesario un ser humano para alimentarles lentamente con conocimientos.

Las máquinas pueden producir múltiples versiones de un artículo para que sea más ‘personal‘, para darle sabor local, por ejemplo.

Una vez más, la velocidad es importante. La reescritura se produce en una fracción del tiempo que le llevaría a un ser humano hacerlo. Así como por la ubicación, la personalización puede estar basada en la demografía o comportamientos de los grupos de lectores, según lo que se haya determinado para su actividad.

La tasa de desarrollo se está acelerando. Los costes de entrada se reducirán, igual que lo harán las lecciones que tienen que aprender estas máquinas.

¿Ciencia ficción o realidad inmediata?

Créditos imagen: Mirko Tobias Schaefer/Gastev (Flickr)

, , , ,


2 Pingbacks/Trackbacks

  • Gerardo González

    Un buen planteamiento de algo que seguramente acabará por ser algo común en buena medida por la mala práctica de nosotros como periodistas de buscar lo más cómodo. En realidad, es mi opinión, la sociedad actual esta en un proceso de bionización mental muy preocupante donde los lectores casi ni se preguntan sobre el fondo del contenido si, por fortuna, pasan de leer más allá del subtitulo. Lo denomino el síndrome Twit donde leer una información de más de 40 líneas es algo casi excepcional salvo que les ataña personalmente o sea truculento. Sinceramente creo que el periodismo clásico, ese de preguntas inteligentes y generador de pensamiento crítico, está en vías de extinción al intentar adaptarse a la linea marcada por la sociedad.

    • franbarquilla

      Gracias Gerardo. Siempre es enriquecedor leer tu opinión. Un saludo

  • Pingback: Longform para el weekend. Lecturas sobre periodismo para el fin de semana (21)()

  • Pingback: Nuevas narrativas | BiblogTecarios()

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies